Egipto
La civilización egipcia nació a los
márgenes del río Nilo. El Nilo se caracterizaba, a diferencia de lo que sucedía
en la región mesopotámica, por crecer solamente una vez al año. Las crecidas,
en comparación con el Tigris y el Éufrates, eran previsibles, no tomaban por
sorpresa a quienes trabajaban la tierra, no destruían todo lo que encontraban a
su alrededor. Aún así eran necesarias obras públicas (canales diques) para
conducir esas crecidas hacia las tierras que no resultaban ser tan fértiles. Como
podremos ver, aquí también la agricultura es la base de la economía.
Debido a que el territorio fértil
disponible era más amplio que en la Mesopotamia, no se desarrollaban cruentas
luchas por el espacio cultivable. Esto hizo que fuese el templo quien tuviese
mayor protagonismo sobre el palacio. Es decir, la religión por sobre el
gobierno y la correspondiente burocracia. Sin embargo, un motivo más importante
radica en lo siguiente: la figura dominante en Egipto no era el rey como en la
Mesopotamia, sino el faraón, que era considerado un dios en la tierra, un dios
entre los hombres. Una figura a la que le debían total admiración y adulación.
Tanto era el poder que exhibía el faraón, que en la creencia popular era el
faraón quien ordenaba la crecida del río. Todos los años se dirigía con su
corte, lanzaba a las aguas una botella con un papiro adentro que supuestamente
contenía la orden de la crecida.
Aquí, en Egipto, los tributos se
pagaban a la burocracia egipcia, intermediaria entre el faraón y los súbditos.
Como es una constante en las civilizaciones hidráulicas, se tributaba para
desarrollar la práctica de la prestación-contraprestación. Si ello no resultaba
así, se creía que el faraón no enviaría la orden de la crecida y la población
iba a perecer en una hambruna.
Río Nilo
«Salve, oh río Nilo,
tú que vienes pacíficamente para dar la vida al Egipto; señor de los peces,
generador del trigo, creador de la cebada; lo que tú trabajas es descanso para
millones de desgraciados. Cuando tú faltas, los dioses se entristecen y los hombres
se mueren. Pero cuando levantas tus aguas, la tierra se llena de alegría, regocíjense
los estómagos, todo ser vivo recibe su ración, todo diente masca. Tú haces
germinar las hierbas para el ganado y el incienso para los dioses. Invades con
tus aguas el Alto y el Bajo Egipto para llenar los graneros, para surtir la
despensa de los pobres. Enjugas las lágrimas de todos los ojos y prodigas la
abundancia de tus riquezas...»
[Himno al Nilo
(Papyro, Sellier, ap. Museo Británico)]
-¿A que eventos hace referencia
el relato?
-¿Por qué se dice que el Nilo
viene a “dar vida” a Egipto? ¿En que parte del relato se observa esto?
-¿Cómo se relaciona la idea del
Nilo como dador de vida con el contexto geográfico en el cual se encuentra el
país?
«Salve, oh río Nilo, tú
que vienes pacíficamente para dar la vida al Egipto; señor de los peces,
generador del trigo, creador de la cebada; lo que tú trabajas es descanso para
millones de desgraciados. Cuando tú faltas, los dioses se entristecen y los
hombres se mueren. Pero cuando levantas tus aguas, la tierra se llena de
alegría, regocíjense los estómagos, todo ser vivo recibe su ración, todo diente
masca. Tú haces germinar las hierbas para el ganado y el incienso para los
dioses. Invades con tus aguas el Alto y el Bajo Egipto para llenar los
graneros, para surtir la despensa de los pobres. Enjugas las lágrimas de todos
los ojos y prodigas la abundancia de tus riquezas...»
[Himno al Nilo
(Papyro, Sellier, ap. Museo Británico)]
-¿A que eventos hace referencia
el relato?
-¿Por qué se dice que el Nilo
viene a “dar vida” a Egipto? ¿En que parte del relato se observa esto?
-¿Cómo se relaciona la idea del
Nilo como dador de vida con el contexto geográfico en el cual se encuentra el
país?
«Salve, oh río Nilo,
tú que vienes pacíficamente para dar la vida al Egipto; señor de los peces,
generador del trigo, creador de la cebada; lo que tú trabajas es descanso para
millones de desgraciados. Cuando tú faltas, los dioses se entristecen y los
hombres se mueren. Pero cuando levantas tus aguas, la tierra se llena de
alegría, regocíjense los estómagos, todo ser vivo recibe su ración, todo diente
masca. Tú haces germinar las hierbas para el ganado y el incienso para los
dioses. Invades con tus aguas el Alto y el Bajo Egipto para llenar los graneros,
para surtir la despensa de los pobres. Enjugas las lágrimas de todos los ojos y
prodigas la abundancia de tus riquezas...»
[Himno al Nilo
(Papyro, Sellier, ap. Museo Británico)]
-¿A que eventos hace referencia
el relato?
-¿Por qué se dice que el Nilo
viene a “dar vida” a Egipto? ¿En que parte del relato se observa esto?
-¿Cómo se relaciona la idea del
Nilo como dador de vida con el contexto geográfico en el cual se encuentra el
país?
El origen del hombre
16 octubre 2007
Lucy murió en la
actual Afar, en Etiopía. No se sabe cómo aunque sí se estima que tenía unos 25
años. En aquellos momentos no se vivía mucho. Lucy fue enterrada rápidamente,
tal vez por alguna inundación y cayó, como tantos otros, en el olvido. Ese
olvido podría haber sido eterno pero no fue el caso.
Era una mañana de
domingo, el 24 de noviembre de 1974 cuando Donald Johanson y Tom Gray deciden
echar un vistazo a los barrancos de la zona 162. Johanson vió un pequeño
fragmento de hueso sobresalir del suelo en una ladera. Tras examinar la zona
aparecieron más restos del cráneo, una mandíbula inferior, un fémur, una
pelvis, unas cuantas costillas... hasta 76 huesos fosilizados. Habían pasado
3.2 millones de años y lo que se desenterró fue suficiente para determinar que
aquella criatura de apenas un metro de altura caminaba erguida.
Con el descubrimiento de
Lucy hace 38 años se estaba dando el primer paso para responder a la pregunta
sobre cuál era el origen del hombre. Al final, aunque la evolución humana está
aún lejos de conocerse de forma completa, el vértigo está servido.
Guerras Médicas:
¿democracia versus tiranía? El origen del mito de los bárbaros
El origen del mito
griego está en las Guerras Médicas, donde frente al peligro persa descubrió su
identidad.
El concepto de bárbaro
ante todo servía para distinguirse a sí mismo frente al otro diferente. Bárbaro
es aquel que balbuceaba, el que no se expresaba claramente en griego.
De modo que si seguimos
los hilos tejidos por lo que la historiografía tradicional nos cuenta, esta
guerra se presenta como la rivalidad entre la libertad griega y el despotismo
asiático. Así es como se elabora la imagen de una colectividad helénica libre,
donde los ciudadanos comparten los derechos políticos y en esto radica el
motivo de la guerra: los derechos políticos son un bien precioso que mueve a
los hombres a luchar para derrotar la tiranía. Mientras que por otro lado surge
el contraste con el ejército de los tiranos, donde hay un déspota sanguinario e
injusto que oprime a sus súbditos.
Sin embargo, esta
concepción de interpretar la diversidad de pueblos y de cosmovisiones como
inferioridad servía para justificar ideológicamente la esclavitud. A toda esa
diversidad de pueblos se los englobaba bajo la caracterización de “bárbaros”
para legitimar su inferioridad. Y como bajo esta mirada resultaban ser
inferiores frente a la cultura helénica (girega), solamente podían servir como
esclavos. El filósofo Aristóteles decía que se trataba de seres que solamente
podían subsistir si eran gobernados por un amo.
Pese a todo ello, este
contraste entre la libertad griega y el despotismo asiático era en gran medida
una mentira. La imagen tópica de que la polis griega estaba habitada por
ciudadanos libres que participaban colectivamente en el gobierno no es más que
un espejismo que oculta el peso de la esclavitud, la marginación del campesino,
la subordinación de las mujeres, así como la división entre ciudadanos ricos y
pobres.
La democracia, por su
parte, no era igualitaria. Era un privilegio de unos pocos con derechos
políticos, quizás la décima parte de la población. Lo que debemos tener en
cuenta al respecto es que las concepciones de “libertad” y de “democracia” para
los griegos no eran las mismas que manejamos nosotros actualmente.
En el siglo IV este
limitado “programa democrático” perdió vigencia ante las dificultades
económicas que sumieron a Grecia en situaciones de crisis. Tuvieron dos
opciones para elegir ante el grave enfrentamiento social que se avecinaba: la
propuesta de Demóstenes (rehacer la unión de las ciudades-estado nuevamente en
torno a Atenas) o la tentación de unirse al imperio macedónico; participar de
nuevas empresas militares, abrir nuevos mercados, enrolar a gran parte de la
población en el ejército y así alivianar la tensión social. Eligieron someterse
a Filipo y Alejandro de Macedonia, conquistando al Imperio Persa pero
renunciando a su libertad y a su independencia. La democracia resultó ser
destruida por la unión de las clases altas primero con Macedonia y luego con
los romanos.
Lo que no hay que
perder de vista es lo siguiente: el contraste griego – bárbaro sirvió y sirve
para enmascarar una realidad de origen mestizo.
Extraído de: Fontana, Josep. Europa ante el espejo; cap. 2 “El espejo bárbaro”.
Barcelona, Crítica, 2000.
La democracia en
Atenas, libertad e igualdad: ¿conceptos complementarios o contrapuestos?
Lo primero que se busca dejar en
claro es que en la antigua Grecia, puntualmente Atenas, la libertad y la
igualdad no son conceptos complementarios. Desde su base la sociedad se dividía
entre hombres libres y no libres. Es decir que la libertad estaba restringida a
un grupo reducido de la sociedad, resultando ser esto a colación de una marcada
desigualdad.
Con esto se busca poner de manifiesto
que había un sector que contaba con determinados derechos y privilegios, lo que
significaba una pérdida (y una resistencia) de los mismos en el otro sector de
la sociedad. Eran los ciudadanos (los hombres libres) quienes tenían
participación en el conjunto de reivindicaciones, privilegios, poderes y
exenciones. Sumado a ello, ciudadanos podían ser considerados aquellos que
contaran con determinados requisitos: un límite de edad y ser propietarios. Por
lo que un amplio grupo de esa sociedad quedaba excluido de ello.
Por otra parte, en cuanto a la
práctica política, se aceptaban límites en el ejercicio del gobierno. Esto hace
referencia a la selección mediante el sorteo, la rotación anual de los cargos,
la remuneración de los mismos y el ostracismo. Sin embargo, adoptar estas medidas
no significaba una igualdad entre los hombres, sino que se trataba de una
igualdad artificial. Por el motivo de que no había una maquinaria gubernamental
montada para cumplir tal propósito. Las reparaciones legales se debían saldar
mediante el esfuerzo personal, cuestión que no era factible porque no estamos
hablando de iguales tanto social como económicamente en la totalidad del
espectro social.
De manera que podemos arriesgarnos a
decir que los griegos no encontraban esta contradicción entre libertad e igualdad.
Para ellos los hombres no nacían libres e iguales. Sino que este orden social
estratificado estaba legitimado naturalmente (recordemos a Aristóteles diciendo
que los esclavos solamente pueden subsistir bajo un amo), para los griegos no
se trataban de derechos adquiridos. Concluimos diciendo que la igualdad existe
entre los iguales, es decir, entre los hombres libres.
Extraído de: Finley, Moses. La Grecia Antigua, economía y sociedad.
Barcelona, Crítica, 1984
La expansión desde
Oriente hacia Occidente: la confrontación con la explicación eurocéntrica
Lo que llamamos “nuestra civilización” no surge en
Europa como creemos, sino en el Antiguo Cercano Oriente con la domesticación de
plantas y animales, y la formación de las primeras ciudades. Esta agricultura
(junto a las instituciones sociopolíticas) se extendió hacia el Oeste (es decir
Europa) en el promedio de un kilómetro por año.
Las tierras por las que avanzaba
esta nueva forma de producción de alimentos, trayendo consigo especies que no
se encontraban en la flora y fauna nativas, estaban habitadas por una población
de cazadores-recolectores que dependían ante todo del bosque. Se trató de una
población que convivió primero con los agricultores y que asoció más tarde las
viejas formas de obtención de subsistencia a las nuevas para crear con ambas
una síntesis.
A esta génesis mestiza, la
historia tradicional presenta la versión de unos orígenes únicos y superiores
europeos. Donde se buscaba acabar con las amenazas de los “retrógrados”
africanos y asiáticos. Englobados todos ellos bajo la categoría de “bárbaros”.
Persiguiendo el fin de quitarles a todas esas poblaciones sus tradiciones, sus
tensiones, su orden político-económico y sociocultural, reduciendo a nada su
cosmovisión en síntesis. Todo ello con el objeto de justificar ideológicamente
la inferioridad de esos otros pueblos para poner resaltar la superioridad
europea.
Lo que se busca es dejar de lado
la visión de un pueblo creador, para dar lugar a la del encuentro entre varios
pueblos que hicieron posible el surgimiento con sus aportes, los cuales tienen
elementos compartidos.
Un buen ejemplo de ello es la
religión en el caso de los griegos. Se considera que la religión griega y sus
mitos son puramente europeos. Pero por citar un caso, la figura de Zeus se
trataría de un sincretismo (una unión) entre las culturas mediterráneas e
indoeuropeas.
Otro claro ejemplo de esto pasa
a ser la escritura. El sistema ideado por los sumerios fue la base de formas de
escritura posteriores. Pero sería en Fenicia, encrucijada por donde pasaban
todas las corrientes comerciales y culturales, donde se realizase un avance
decisivo al inventar un nuevo método en el que cada signo representaba un solo
sonido consonántico.
Los griegos, que en la
catástrofe que había arruinado la cultura micénica, adoptaron el alfabeto
fenicio hacia el 800 a .c.
Y ese alfabeto reelaborado por los griegos (lo enriquecieron con signos que
representaban las vocales, lo que era un paso muy importante para su adaptación
a lenguas distintas de las semíticas) sirvió de catapulta para el basado en el
latín que usamos nosotros.
Extraído de: Fontana, Josep. Europa ante el espejo; cap. 2 “El espejo bárbaro”.
Barcelona, Crítica, 2000.
Mesopotamia
El término
Mesopotamia hace referencia a una región ubicada entre dos ríos. En nuestro
país la región mesopotámica se ubica en la provincia de Misiones, pero el
espacio que vamos a estudiar se ubica en el Cercano Oriente (donde hoy están países como Irán, Irak, Siria, el
norte de Arabia Saudita, entre otros).
Los ríos que
rodeaban este espacio se llamaban Tigris
y Éufrates. Se trataba de dos ríos
que podían crecer en cualquier momento del año, lo que hacía a las crecidas
impredecibles. Las mismas eran totalmente desastrosas, obligando a estas
sociedades llevar a cabo obras públicas (canales, diques) cada vez más
perfeccionadas para atenuar el efecto de esas crecidas.
Asimismo
éstas amenazaban con destruir lo relacionado con la producción, arrasar los
campos cultivados ya que la agricultura
era la base de la economía. Sin embargo, la producción sólo se podía llevar a
cabo en una zona particular llamada “medialuna
fértil”. Hace referencia a una porción de territorio pequeña por la que
luchaban diversos pueblos. Ya que fuera de esa zona lo que predominaba era la
sequía por lo que no se podía cultivar y se llevaban a cabo constantes guerras
por ese fragmento de territorio.
Este
constante estado de guerra hizo que el templo
perdiera importancia con respecto al palacio.
En el templo residían los sacerdotes (los
intermediarios entre los dioses y los hombres) pero la religión ya no resultaba
como una herramienta de dominación para con los hombres debido al alto grado de
conflictividad. Era necesario entonces que el poder lo llevaran adelante el rey y su corte, es decir los jefes
militares (quienes residían en el palacio) capaces de asegurar la defensa de
las ciudades.
En este
sentido hay que decir que pese a la posición de mayor importancia por parte del
palacio frente al templo, la religión cumplía igualmente un papel relevante en
esta sociedad. Los tributos se pagaban, además de llevar adelante la práctica
de la prestación-contraprestación, en ofrenda a los dioses para contar con el
favor de estos, porque creían que si se enfurecían podían llegar a destruir las
cosechas y eso generaría tanto hambrunas como guerras. Cabe aclarar que en la
sociedad mesopotámica se desarrollaba lo que se llama el politeísmo, es decir la creencia en varios dioses.
Por otra
parte, hablamos de una sociedad estratificada donde uno de los sectores (los
campesinos) debía mantener a los otros dos (los gobernantes y los comerciantes)
mediante el pago constante de tributos en forma de especias y alimentos. Los gobernantes estaban constituidos por el
rey y su pequeña corte, como también por los sacerdotes. Los comerciantes eran aquellos que
intercambiaban productos con otras regiones, se trataba de un grupo social que
estaba exento del pago de tributos. Los campesinos,
por su lado, eran quienes trabajaban la tierra constantemente.
Al
séptimo día el barco estuvo completo.
Cuanto
tenía cargué en él: cuanta plata tenía cargué en él; cuanto oro tenía cargué en
él; cuantos seres vivos tenía cargué en él. Toda mi familia y parentela hice
subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los
campos, todos los artesanos hice subir a bordo.
Contemplé
la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco
y clavé la entrada.
Durante un día la tormenta del sur sopló, acumulando
velocidad a medida que bufaba sumergiendo los montes. Atrapando a la gente como
una batalla. Nadie ve a su prójimo, no puede reconocerse la gente desde el
cielo.
Los dioses
se aterraron del diluvio y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul. Los
dioses se agazaparon como perros. Acurrucados contra el muro exterior.
Seis
días y seis noches sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur
barre la tierra. Al llegar al séptimo día, la tormenta del sur, transportadora
del diluvio, amainó en la batalla. El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó,
el diluvio cesó.
Contemplé
el tiempo: la calma se había establecido y toda la humanidad había vuelto a la
arcilla.
Poema
de Gilgamesh, sobre el diluvio universal
Al
séptimo día el barco estuvo completo.
Cuanto
tenía cargué en él: cuanta plata tenía cargué en él; cuanto oro tenía cargué en
él; cuantos seres vivos tenía cargué en él. Toda mi familia y parentela hice
subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los
campos, todos los artesanos hice subir a bordo.
Contemplé
la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco
y clavé la entrada.
Durante un día la tormenta del sur sopló,
acumulando velocidad a medida que bufaba sumergiendo los montes. Atrapando a la
gente como una batalla. Nadie ve a su prójimo, no puede reconocerse la gente
desde el cielo.
Los
dioses se aterraron del diluvio y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul.
Los dioses se agazaparon como perros. Acurrucados contra el muro exterior.
Seis
días y seis noches sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur
barre la tierra. Al llegar al séptimo día, la tormenta del sur, transportadora
del diluvio, amainó en la batalla. El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó,
el diluvio cesó.
Contemplé
el tiempo: la calma se había establecido y toda la humanidad había vuelto a la
arcilla.
Poema
de Gilgamesh, sobre el diluvio universal
Roma y los bárbaros:
¿una relación de constante enfrentamiento?
Roma se adueñó por las
armas del mundo helenístico. Se proclamó su continuadora, con argumentos como
que el latín era un dialecto griego, introdujo a Eneas en la genealogía de
Rómulo, asumió la tradición homérica con Virgilio como continuador. Pero siguió
el programa imperial de Alejandro, si asimiló la lengua y la cultura griega fue
solamente para seguir gestionando la administración de sus mismos cuadros
helenizados.
En Roma no había un
sistema democrático participativo como en Atenas, aún limitado como ya sabemos.
Existía una república (el emperador gobernaba con el senado) pero las
decisiones personales del soberano eran consideradas leyes. El orden se
mantenía gracias al consenso popular.
Los romanos no
limitaban el acceso a la ciudadanía, que no implicaba derechos políticos.
Lo que mantenía unidos
a estos pueblos era la comunidad de intereses que existía entre la aristocracia
romana y los notables locales, quienes gobernaban en las provincias. La
administración central sólo podía controlar las provincias a través de una red
de municipios y, en general, de poderes locales que gozaban de una considerable
autonomía.
No había una cultura
ampliamente compartida a diferencia de los griegos, porque el latín no debía
ser comprendido plenamente por el pueblo romano. De aquí se puede observar la
importancia que va cobrando la propaganda por la imagen, manera como se
transmitían los mensajes a la población.
En el terreno de la
religión el imperio respetaba a todas las religiones locales.
Sin embargo, Roma no
fue capaz de asimilar la cultura de los pueblos que componían esa peculiar
forma de asociación que era el Imperio. Exceptuando el caso de los cultos y
misterios orientales remanentes del imperio de Alejandro, era una sociedad
encerrada, cuyo mundo se dividía en dos partes: el Imperio y los bárbaros.
El Mar Negro parecía
ser la frontera del Imperio. Pero este hábito de contemplar la humanidad en el
espejo deformante del bárbaro les impedía admitir que más allá de esa frontera
había otros mundos, otras culturas y hasta una ciencia y una tecnología que
superaban a las suyas como se observaría posteriormente.
El primer grupo de
“bárbaros” que los romanos conocen son los celtas. Luego le van a seguir los germanos.
A estos últimos los veían a todos iguales y los suponía una raza pura. Tiempo
después se va a decir lo mismo de los godos. Quienes tienen un lenguaje propio,
una religión común, y unas leyes y costumbres ya definidas. Lo que no van a
poseer es unidad política.
Si bien lo que la
historiografía tradicional busca plantear son un conjunto de hordas fuertemente
armadas, incultas, que realizaban ataques coordinados sobre las fronteras del
Imperio, con el objetivo de derribar la cultura y la luz que resplandecía del
mismo. A ello hay que presentarle como contraste que las relaciones entre el
Imperio y los “bárbaros” no siempre fueron de enfrentamiento. Y aquí hay que
analizar los siguientes matices. Estos iban desde el comercio hasta la
extorsión, y del cobro de servicios a la percepción de subsidios por no atacar
al Imperio. La mayor parte de los “bárbaros” que cruzaron la frontera no lo
hicieron como invasores, sino como inmigrantes que se establecían en territorio
imperial con autorización, como soldados al servicio del emperador. Y no sólo
no pretendían destruir la estructura político – administrativa existente, sino
que estaban interesados en conservarla, ya que les servía para percibir los
impuestos que se recaudaban para el sostenimiento del ejercito. En el 376 se
sublevaron debido a que los funcionarios romanos los habían confinado en
lugares más improductivos y habían quedado presa del hambre.
Este sistema de
relaciones falló en la parte Occidental. La presión de los “bárbaros” aumentó
al tiempo que la economía romana decaía y se replegaba sobre sí misma.
Para entender el
colapso del imperio de Occidente hay que comprender los signos de parálisis de
la estructura administrativa central y las fracturas sociales que estaban
debilitándolo desde mucho antes que los bárbaros asumieran su control. Entre
los signos de decadencia podemos encontrar: la privatización de las funciones
públicas; las mayores desigualdades económicas; magnates que poseían grandes
propiedades de tierra que la hacían cultivar por colonos que huían del
endeudamiento y se ponían bajo la protección del patrono.
Los enemigos que
destruyeron el imperio son tanto interiores como exteriores, no se trataba sólo
del bárbaro que se encontraba más allá de las fronteras, sino también de
aquellos que no aceptaban el orden imperial.
Hay una frase que llama
la atención del poema de Kavafis que la pronuncian el emperador y el senado:
“¿Qué será de nosotros, ahora, sin bárbaros? Porque hay que reconocer que estos
hombres resolvían un problema.”
Extraído de: Fontana, Josep. Europa ante el espejo; cap. 2 “El espejo bárbaro”.
Barcelona, Crítica, 2000.
La diferencia del poder
político entre el rey mesopotámico y el faraón egipcio
El interrogante que debemos resolver
es el siguiente: ¿a qué se debe esta diferencia? En primer lugar hay que
mencionar que en Egipto hay un predominio de la religión y del templo (por ende
del faraón); mientras que en Mesopotamia, si bien la religión cumple un papel
importante, el predominio lo tiene el cuerpo militar, el palacio. Esto es así
porque en Mesopotamia hay una pequeña franja de producción (la medialuna
fértil) por la que conviven en pugna diversos pueblos, desarrollándose fases de
conflicto permanentes, resultando ser imprescindible la presencia del monopolio
de la fuerza. No así en Egipto, ya que si bien hay tensiones, el Nilo no
presenta las dificultades de producción que sí las hay en Mesopotamia. La
franja productiva es mucho más vasta y no se lleva a cabo una conflictividad
permanente.
El segundo punto a considerar es la
marcada diferencia entre el orden estático que se refleja en Egipto, la
contrapartida de ello es el paso del abatimiento a la exultación que se
verifica en Mesopotamia. Esto puede tener sus raíces en los factores
geográficos que tienen que ver con los ríos, los cuales les dan sustento a
estas civilizaciones. En Egipto la crecida del Nilo se daba de manera
previsible y no resultaba ser destructiva. En Mesopotamia esto no era así, ya
que las crecidas del Tigris y del Éufrates eran imprevisibles y totalmente
destructivas, arrasando con todo lo que encontraban a su paso. Por lo tanto, es
mucho más factible que en Egipto domine el templo y la religión, ya que se
trata de un orden cósmico totalmente estable. En Mesopotamia el orden resulta
ser más dinámico, donde la religión no basta como herramienta de dominación,
sino que además es necesario el uso de la fuerza para mantener el orden
constantemente puesto en jaque.
Otra cuestión a tener en cuenta es la
diferencia en la posición del rey mesopotámico y el faraón egipcio. A este
último se lo considera un hijo del Nilo, por ende, un dios más, un dios en la
tierra. En las representaciones colectivas es él quien ordena la crecida del
río una vez al año, lanzando un papiro con la orden. En cambio, el rey
mesopotámico es un hombre como todos los demás, un miembro de la comunidad. Él
mismo es un súbdito de los dioses, su tarea es velar por el bienestar de toda
la población.
Se sostiene que se trata de una forma
de producción similar entre ambos espacios: ambas son civilizaciones englobadas
bajo el término de hidráulicas o asiáticas. Sin embargo, en el aspecto político
hay una marcada diferencia que parte de los factores anteriormente
mencionados.
Extraído de: Frankfort, Henri. Reyes y dioses. Revista de
Occidente, 1976
Las primeras civilizaciones fueron
llamadas civilizaciones hidráulicas
por que nacieron en los márgenes de los ríos y así se favoreció la práctica de
la agricultura de regadío a gran escala.
La cual consistía en montar toda una serie de obras (canales, diques) para que
el agua pudiese correr y llegar a regar amplias porciones de tierra.
Pero para que esto sucediera era
necesario que existiese un excedente;
las clases sociales; un sistema de gobierno y creencias (religión); la práctica de la prestación – contraprestación; un
sistema de escritura.
El excedente (que aparece en el Neolítico con el surgimiento de las
primeras formas de agricultura) es esa parte de la producción que sobra y
cuando es apropiado por un pequeño grupo que lo concentra en sus manos se habla
del surgimiento de las clases sociales.
Este surgimiento de las clases sociales da lugar a la formación de un sistema de gobierno nuevo (el Estado) asociado al palacio (funcionarios que van desde los militares hasta los
escribas); un sistema religioso
controlado por los sacerdotes que vivían
en el templo. A su vez también el
último sector de la sociedad (los campesinos) que eran los que trabajaban la
tierra y pagaban tributos para
mantener a los otros dos sectores mencionados.
La dominación a veces se ejercía por
la violencia pero la mayoría de las veces aparecía como un intercambio de
servicios: la práctica de la prestación
– contraprestación. Donde una parte de la sociedad, la gran mayoría, brinda
algo (en este caso el tributo en forma de alimentos), mientras que el otro
sector más pequeño da algo a cambio (en estas sociedades cuando los ríos no
crecían y no había agua para regar los campos, esos alimentos que estaban
guardados eran repartidos por esta minoría a la gente para que no muriese de
hambre). Entonces, la sociedad creía que participaba (o mejor dicho que le
volvía) ese tributo que había pagado. Además de que si no pagaban tributo se
creía que los dioses podían llegar a enojarse y les enviaban maldiciones.
Por último, la escritura era necesaria para llevar las cuentas de lo que se
producía.






